Ana María Pizarro

«Es cierto que a través de la historia conocida de la humanidad, quienes han detentado el poder decidieron por decreto, por consenso y/o por mayoría, entre muchísimos asuntos: que la tierra era plana, que las mujeres no teníamos alma, que los esclavos no eran personas, que el universo giraba alrededor de la tierra…» Mary Ladi Londoño, feminista colombiana, carta al presidente de la Corte Constitucional, 1994.


Voy a compartir con ustedes parte de una experiencia de 25 años de trabajo en relación con el aborto en Nicaragua, país que me acogió generosamente cuando la última dictadura militar argentina me expulsó, al igual que a miles de sobrevivientes, que compartimos sus cárceles legales y clandestinas.

Procurando abordar el aborto desde la vida cotidiana mencionaré los testimonios de un taller1 que compartimos con médicas, médicos, enfermeras y asesoras que brindaban servicios de aborto en centros alternativos de mujeres, mencionaré los resultados de una investigación sobre los medios de comunicación y el aborto y de una encuesta nacional sobre el aborto.

Antes diré que en Nicaragua el aborto está considerado como un delito en el Código Penal, donde se inscribe en el capítulo de Delitos Contra la Vida y se penaliza con cárcel para las mujeres y para quienes les brindan la atención; sin embargo, ese mismo Código permite el Aborto Terapéutico desde hace más de 130 años, aunque no establece para qué fines ni en qué circunstancia se puede aplicar.

Las personas concretas que realizan un procedimiento considerado como un delito y que lo hacen en condiciones de clandestinidad, acusan el impacto del entorno restrictivo, aunque vencen sus propias limitaciones respondiendo a las demandas de las mujeres. La seguridad a la hora de realizar un tratamiento, las criticas de otros colegas o de la comunidad, influyen decisivamente en las decisiones de quienes brindan la atención:

Un joven especialista de Ginecología y Obstetricia expresaba:

* “Ha mejorado mi experiencia, tengo mayor habilidad, mayor persuasión, menos traumas para las mujeres. Creo que he mejorado, no me siento traumatizado, me preocupan las complicaciones médicas. Lo temible es la torpeza médica. No tengo temor de cometer un crimen. A la vida y muerte se habitúa el médico, no me traumatiza lo que no puedo resolver, hay que tomar las cosas con control y sensibilidad.  Además la motivación social nos impulsa a ejecutar el tratamiento, nos fortalece; el tratar de ayudar a una persona es superior al de afectar una posibilidad de vida. La motivación es importante, si sólo es económica es diferente. A veces por querer ayudar podemos perjudicar a alguien. Tal vez actuamos inconscientes de una militancia.”

Una enfermera de Matagalpa decía:

* “Ahora no lo estoy realizando. Me preocupó la persecución de otros trabajadores de la salud hacia la gente que los realizaba. Trabajábamos gratuitamente, ahora creo que era un error, cuando la mujer preguntaba cuánto le debo? nos asustábamos ante la pregunta, no mirábamos cómo nos estábamos exponiendo, cómo los demás nos criticaban. Ahora veo que no fue correcto caer en que todo fue gratuito. Me afectaba el qué dirán afuera en la comunidad, sentía que muchos ojos me acusaban en la comunidad. Cuando atendemos a una familiar y se nos complica, nos sentimos mucho peor. Luego nos reclaman si se complica y nos sentimos mal, nos sentimos culpables”.

Conocer el camino recorrido antes de aceptar la demanda de hacer un aborto, nos permitió dar cuenta de episodios de la vida cotidiana, desde diferentes perspectivas.

Una doctora que afirmó provenir de una familia conservadora trabajó en un centro de mujeres. Sin embargo su reflexión obliga a pensar que no basta que el aborto se atienda en un centro de mujeres:

* “Una vez nos pasaron una encuesta sobre el aborto, en 5to año de la universidad, en ese momento yo lo rechazaba. En el Internado una amiga me motivó y fui entendiendo. Fui a trabajar a un centro donde realizaba el tratamiento, pero nos sentíamos mal porque todo se manejaba como que estábamos haciendo daño. No lo trabajamos como un Derecho…..”

Una médica que venía de Barcelona cuenta que su experiencia no está ligada a la vida o muerte de las mujeres, como es en América Latina, pues en su país la Tasa de Mortalidad Materna es más baja. Desafiar el sistema mediante su militancia por el aborto fue su principal motivación:

* Soy de una familia conservadora y católica, mi inserción en el Movimiento Feminista es del 74, cuando entro a la Universidad de Barcelona. Una amiga me impresionó al contarme lo de un aborto, yo la quería mucho y no podía rechazarla. Eso me hizo pensar que si ella lo hizo y era mi amiga tenía que aceptarlo como una posibilidad. Seis años después de mis primeros contactos en el Movimiento Feminista, hacen que en 1985 comience a hacer procedimientos. El resto de médicas feministas de mi región no querían hacer abortos, pues era peligroso políticamente, yo acepté, pues creo que era mi compromiso con las mujeres. No tuve miedo, nuestra lucha era testimonial, no cobrábamos por el tratamiento. los anunciábamos en los periódicos y denunciando la doble moral.  La repercusión pública me trajo problemas familiares que pude superar por el respeto de mi madre. Una vez me emocioné al ver algún resto ovular, pero hablé con una amiga que tenía experiencia y me dijo que era normal. Decidí que quería ver partos. A veces dentro del equipo puede haber alguien que esté más tensa, más deprimida, en ese caso hay que ayudar a otra compañera.  Mi compromiso político prevalece tanto como mi militancia feminista.  Me ha ayudado el hablar del tema públicamente”

Una médica recién graduada que hizo su Servicio Social en zonas rurales de León expresaba las especiales circunstancias que determinaron su decisión de atender las demandas de aborto:

* “La mayoría de las mujeres que nos involucramos no sabemos desde cuando estamos a favor del aborto. Tuve un padre ateo que me habló claro. Recuerdo que en la universidad una mujer murió por un aborto. Todo el mundo la condenaba. Yo pensaba: «pobrecita, seguro que los padres no sabían».  En 5to año de Medicina una amiga viajó a su país y su hermana de 23 años había muerto por un aborto, tenía 5 niños y un marido alcohólico. Ese episodio me abrió los ojos. Mi primer  embarazo fue no deseado, pensé en el aborto, me quedé con mi embarazo, pero terminó en un óbito fetal y me culpé de haber pensado en el aborto. Luego me embaracé, tengo una hija deseada y planificada”.

Ella misma comparte sus primeras experiencias, donde se conjugan la determinación de brindar atención, la falta de condiciones adecuadas y los riesgos de las usuarias:

* “Luego comencé con mi amiga a ver cómo ayudar a las mujeres. Era triste ver en el Hospital de León el maltrato y el abandono de las mujeres que abortaban. Una enfermera de Colombia nos ayudó a hacer procedimientos. Ahora veo cómo nos arriesgábamos sin medir las consecuencias si se nos complicaban las mujeres. Eramos Médicas Internas, casi no teníamos claro lo de los derechos de las mujeres. Luego pensábamos en comprar jeringas, todo lo necesario, todo recaía en nuestras manos, hasta teníamos que lavar las sábanas que manchábamos. Luego me fui al campo, la demanda era increíblemente grande, hacía procedimientos con Meperidina y Diazepán a pura legra, sola yo y a 200 kms. de León.  Una vez me llegó mi hermana, yo la atendí por un aborto, cuando le coloco la Meperidina, hizo un shock anafiláctico grave, por una casualidad tenía una ampolla de Hidrocortisona de 1 paciente asmático.  Eso me permitió reflexionar de los riesgos que corría de hacer un legrado con legra, sin condiciones y sin ningún respaldo……. Nunca ha cobrado por un procedimiento, valoro más los casos, todas hemos tenido experiencias alrededor de la muerte, de la miseria y lo que es peor del maltrato. Las mismas mujeres maltratamos a las mujeres, es algo que debemos ir superando. Tenemos que saber decir no, no comprometer nuestro trabajo, a pesar que las mujeres nos dicen que se van a poner una sonda”..

El cambio drástico de la Revolución al gobierno conservador de Violeta Chamorro, también tuvo su influencia en quienes atendían el aborto; una enfermera expresaba:

* “Cuando sube el gobierno de la UNO me sentí perseguida, pero como tenía el equipo, la tentación estaba en mis manos, entonces me deshice de él para no tener obsesión de ayudar a las mujeres”.

Otra médica, al ser retirada del servicio de atención de las complicaciones del aborto, a raíz del nuevo gobierno decía:

* “Desde que subió la Violeta (Chamorro), yo en la Emergencia del Hospital Berta Calderón…. advertía a las mujeres qué podían hacer, a dónde ir sin complicaciones y cómo debían contestar cuando vinieran al hospital por un aborto incompleto…… a viva voz les decía, mire señora si se pone una sonda, que no sea con un alambre porque se puede perforar……. y sobre todo, no espere mucho, venga al hospital. Me pusieron de Jefe de Servicio un especialista recién llegado de Miami, una vez llegó en agonía una mujer de 24 años con un shock séptico por aborto, él se acerco y le preguntó ¿y que tal… lo disfrutó mucho?, me interpuse  y le dije a ella, acá nadie te va a reclamar nada, vas a estar bien, tus hijos van a estar bien,…………. ella murió preguntando quien se haría cargo de 4 niñas y niños. A los pocos meses renuncié del hospital”.

Una asesora que acompaña a las mujeres durante el tratamiento reflexiona sobre la actitud de los médicos ante el aborto:

* “Los hombres nunca van a tener una matriz!… Cuando los hombres hacen abortos están más templados, están menos involucrados emocionalmente, trabajan más mecánicamente. A las amigas no puedo hacérselo, siento que el dolor se lo estoy provocando yo. Creo que debemos aprender de la templanza de los hombres”……….

Medios de comunicación y aborto
Instantáneas de la conciencia colectiva

Como bien se sabe, la prensa escrita es gran configuradora de la mentalidad colectiva, más aún en un país como Nicaragua, donde figura como única fuente de lectura para las grandes mayorías, así como es fuente de consulta y comentario obligado para la minoría ilustrada. De tal manera, sondear –aunque sea someramente–, las noticias sobre el aborto según aparecen en la prensa diaria, se convierte en una valiosa herramienta para enfocar el fenómeno del aborto como lo que en realidad es: un producto de la organización social.

El sondeo se llevó a cabo en tres diarios del país: El Nuevo Diario, La Tribuna y Barricada, entre mayo del 96 y mayo del 97 inclusive.  La recopilación sumó veinticuatro artículos, que enfocan directamente el aborto desde distintos ángulos, lo que nos brinda un muestrario del ideario cotidiano según aparece en las sucesivas instantáneas de la prensa2.  En su mayor parte, los artículos aparecieron en la sección de Sucesos, que es la destinada a delitos comunes, hechos de sangre, crímenes pasionales, reyertas callejeras y toda clase de notas de ribete escandaloso, especialmente de aquellas que ocurren en el ámbito de lo privado.

Según los medios, las razones de los abortos están relacionadas a agresión física por el marido, por pandilleros, por otras mujeres que se disputaban a un hombre, porque no deseaba el embarazo, por tortura y agresiones de la policía, por causas desconocidas, por mala situación económica, por decisión de la madre de la menor, a petición de la mujer, porque tenía SIDA y hasta por un susto que le ocasionó un vecino en la calle.

Dado que en general se presta atención a un artículo periodístico a partir de su titular, a continuación se reproducen textualmente los encabezados, los subtítulos y se resume el contenido esencial de los artículos analizados, cada uno de ellos describe de una manera muy especial el enfoque que prevalece sobre el aborto:

* “Embarazada grita: ¡TENGO SIDA!» En su gran mayoría los galenos invocaron la ética y el juramento hipocrático para negarse rotundamente al aborto. Durante una semana la muchacha siguió llegando a insistir, pero siempre se le decía: «no señora, el aborto está prohibido, usted debe tener su niño». Un día de tantos, la muchacha sufrió una crisis en los pasillos y empezó a gritar a todo pulmón:  «!Tengo SIDA, tengo SIDA!».  La transfieren al siquiatra, quien ordena exámenes y «confirma la enfermedad». La junta de médicos se reunió de urgencia y autorizó que se le practicara el aborto a la muchacha…….

En este caso, vemos que –según la noticia–, los médicos antepusieron razones de ética formal, y no cumplieron, sin embargo, con su deber profesional de examinar a la mujer.  Luego, cuando ella aduce que tiene SIDA, interpretan que está loca, y la mandan al siquiatra.  Más insólito e inexplicable es que la siquiatría logre diagnosticar una enfermedad que nada tiene de mental como es el SIDA, y más aún, que una junta de profesionales de la medicina se doblegue ante el dictamen de un colega ajeno a la ginecobstetricia.

* «Juzgan por aborto a muchacha y a enfermero». La criatura supuestamente era del padrastro de la joven. Ella correspondía las caricias del padrastro. El le pedía que se casaran. La Tía traslada ovarios y la placenta en bolsa plástica.

Aquí, el gestor del embarazo, –a quien además se puede inculpar por incesto, bigamia y acoso sexual–, no es en ningún momento señalado como el principal responsable, tal vez porque se mostró dispuesto a «salvar la honra de la joven» por vía de matrimonio formal, lo que automáticamente borraría el horror del caso para convertirlo en la bendecida historia de una amante y feliz familia.  Nótese también que en su condición de estereotipo del melodrama cotidiano, y en el contexto de los medios nicaragüenses, la figura del padrastro cumple con el interés de la prensa de agregar una considerable dosis de sensacionalismo a la noticia, lo que nos promete ya desde el encabezado, y que tan bien se vende hoy por hoy.

* «Aborta en un inodoro» Mujer de 24 años aborta producto de seis meses en inodoro de un beneficio de café.  El vigilante del beneficio bajó la palanca y corrió el agua. La mujer se presentó al hospital seis horas después, manifestando que iba a dar a luz. En la sala de partos los médicos comprobaron que sólo tenía la placenta.

Naturalmente no se trata de un aborto, pues el feto ya tiene seis meses, pero nótese el énfasis en la imagen de la criatura yéndose por el inodoro, en tanto que no se menciona el gravísimo riesgo de muerte para la mujer, y su no menos grave sufrimiento moral.

* «Aborto ¿una epidemia? Tierra Prometida conmocionada. Abortos clandestinos en el tapete público. Es común que algunos médicos se presten a esta acción. El Dr. Rodríguez nunca lo había practicado, afirma su esposa.

Por fin se reconoce que el aborto es una epidemia; aunque desde el movimiento de salud de las mujeres se lucha para obtener soluciones para esta epidemia silenciada, esta sólo se menciona en las páginas rojas, a la hora de culpabilizar a las personas.  En este caso, los médicos hicieron un diagnóstico de aborto inevitable, pero se involucraron -según dice el artículo- en ir a botar el feto a un basurero. Los padres son culpables por haber acompañado a la adolescente, -situación bastante inusual en nuestro medio-. Generalmente las jóvenes deambulan de un sitio a otro buscando apoyo para su problema, caen en manos de personas sin escrúpulos que hacen del aborto inseguro un verdadero negocio y finalmente cargan con gravísimas lesiones físicas, sicológicas o con la muerte, por al ambiente clandestino que rodea al aborto en Nicaragua.

* «Madre le provocó el aborto» Espeluznante drama de una criatura violada y embarazada. La madre le dio medicamentos para que no naciera la criatura. Los padres de la joven están detenidos en la Estación Tres. No sabían que la menor había sido violada, sólo cuando se agravó. Los médicos y el abogado se dirigieron al bar Alexis Sport donde tomaron cervezas.

Naturalmente la noticia incrimina a la madre, la que además debe ser vista como culpable de la violación por no cuidar a su hija. El responsable de la violación no es mencionado en el artículo, dado que sólo las mujeres son culpables El drama de una adolescente violada y embarazada por un criminal, sin ninguna persona a su alrededor en quien confiar, sin educación sexual, que no cuenta sus problemas a su madre, es ofrecido como plato fuerte de la página de Sucesos, sin mencionar las responsabilidades de un Estado que no se ocupa de prevenir ni castigar la violencia, ni de educar sexualmente a la juventud, mucho menos en promover relaciones armoniosas al interior de las familias.

* “Liberan a partera que practicó aborto» Partera de 72 años fue detenida por practicar un aborto.

Nuevamente vemos aquí las dos opciones mortales a que se enfrentan miles de mujeres: la muerte lenta producto de la extrema pobreza y de los partos frecuentes, o la muerte súbita por aborto en semejantes condiciones. La partera es condenada en la noticia por múltiples motivos: es mujer, es pobre, no está suficientemente capacitada, cobra por su servicios, y para colmo su atención desencadena una complicación en la mujer. Nadie respeta sus 72 años ni su voluntad de ayudar allí donde el Estado se desentiende: la salud de las campesinas pobres.

* «Aborta por golpes del marido» Joven aborta producto de cuatro meses de gestación, después de ser salvajemente golpeada por su marido. La aplicación de la legislación vigente sobre el aborto podría llevar por 6 años al marido a la cárcel.

Sin embargo, la mayoría de las veces ocurren «arreglos extrajudiciales» mediante los cuales los agresores salen en libertad y reinciden en sus prácticas.

* «Botan feto cerca de discoteca» La autora sería una joven de 22 años. Lo parió después de tomarse varias pastillas de Acetaminofén con gaseosas y jugo de limón. La autora parió al feto después de haber asistido a una fiesta.

Aquí la periodista hace alarde de sagacidad, pues le bastó una ojeada para determinar con precisión la edad de la desconocida, y hasta lo que había bebido. En realidad el reporte comienza diciendo que el hallazgo se produjo cerca de la Alcaldía, sin embargo el titular destaca la cercanía de la discoteca, lo que agrega morbosidad a la noticia.

* Encuentran feto en plena calle de Estelí» El feto fue encontrado cerca de una discoteca donde la mujer fue vista bailando.

Aquí el periodista ya afirma que «fue vista bailando»; sabe su edad, lo que bebió y dónde le gusta bailar, aunque solo están tras su pista. Nótese también la asociación «bailando y abortando», que viene a remarcar la absurda idea de que las mujeres quieren abortar por gusto y para poder dedicarse «al libertinaje»; así como el contraste con el estereotipo de la madre casta y abnegada: A una buena madre no le gusta bailar.

Los personajes de las instantáneas publicadas:

Luego de analizar los 26 artículos publicados a lo largo de ese año, estamos en condiciones de mostrar el perfil de cada personaje que queda grabado en las instantáneas de la conciencia colectiva:

* La mujer que aborta: Es joven y  tiene relaciones con su padrastro. Aborta y luego miente al buscar atención médica. Abandona la criatura, el niño o el cuerpecito y lo deja botado. Lo bota en el basurero. La agreden por un hombre y aborta. No informa a sus familiares que está embarazada. Usa bolsas de basura para botar el feto. Toma pastillas de acetaminofén con gaseosas y jugo de limón para abortar. Acude a discotecas a bailar y luego aborta. Le arranca la cabeza al feto. No toma la precaución de planificar. No quiere criar a su bebito después de haberlo tenido por nueve largos meses en sus entrañas. Bota la criatura donde se la comen los perros.

En resumen nos da el perfil promedio de la mujer nicaragüense: es joven, es pobre, carece de instrucción, sufre acoso sexual, no sabe a quién acudir, no tiene en quién confiar, está acorralada, no cuenta con el apoyo de la familia ni del Estado, y el padre de la criatura brilla por su ausencia.  Tal es la situación de la mayoría de las mujeres en Nicaragua.  Y las autoridades consideran además que debe ser juzgada.

* La madre: No cuida a la muchacha adolescente. Regresa a ocuparse de la joven cuando esta ya está en el hospital. Hace la denuncia porque el embarazo es del padrastro, o sea, de su propio compañero. Es condenada porque decidió solicitar el aborto.

La responsable de la situación -según el texto- es la madre que no cuida a la muchacha (aunque se menciona que no vive con ella por razones de trabajo). No vivía con su hija por buscar cómo remediar la pobreza mientras su compañero -padrastro de la joven- abusaba de la misma. En su calidad de jefa de familia, la madre acude a asistir a la hija y a resolver el problema. Es condenada porque el Estado no se ha ocupado de formular políticas de salud para las mujeres.

* La partera: Realiza abortos sin tener preparación para ello. Tampoco tiene condiciones adecuadas para hacerlos, además, cobra caro por el aborto. Su intervención provoca riesgos y complicaciones a las mujeres. Ya es conocida y es recomendada para hacer abortos.

Se continua condenando a las mujeres en la figura de la partera, la que es juzgada por todo, no está capacitada, brinda sus servicios sin condiciones adecuadas, lo que es peor, cobra por servicios que a juicio del periodista deberían ser gratuitos, aunque no demanda lo mismo de los médicos.

* Las otras mujeres: Una golpea a una joven embarazada y desoye sus súplicas. (Es decir: se porta como todo un hombre). Muchacha forma parte de una pandilla que golpeó a una embarazada. (Tan se porta como hombre, que es aceptada en el seno de una pandilla). Una niña se pregunta cómo pueden existir mujeres que abortan. (Esta niña está tan estupefacta como las autoridades gubernamentales: ni ellos ni ella saben por qué será que las mujeres abortan).
* El autor del embarazo: La práctica común en el periodismo nacional es invisibilizar al autor del embarazo, por la sencilla razón de que como sujeto, está éticamente ausente de su responsabilidad paterna, de la misma manera que el Estado suele estar éticamente ausente de su responsabilidad ante la mortalidad materna, con la anuencia de la mitad de la sociedad.

En las pocas ocasiones en que hace su aparición en la prensa el sujeto embarazante, resulta incriminado en el delito de aborto, pero el tono de la censura es notoriamente menor para él que para ella, porque a la mujer se le confiere la responsabilidad ética por la especie, pero luego se le cierran todas las puertas de acceso a los bienes sociales, según consta en estadísticas de amplia difusión.

* Los hombres: No aparecen mencionados en 20 de 22 artículos, o sea, en el 91% de los casos. Golpean a la embarazada y la hacen abortar. Es el padrastro y abusa de su hija adolescente.

El personaje comete una serie de delitos sexuales, familiares, sociales y sanitarios, pero no se le ve más que en dos ocasiones, y poco se le recrimina.

* Los médicos: Practican legrados y causan perforación uterina. No toman en cuenta los ruegos de una mujer con SIDA. Apelan a la ética para negarle el aborto y necesitan un siquiatra para poderlo aceptar. Realizan abortos a los seis meses de embarazo o más. Son detenidos y ameritan condena.

Aunque no aparecen demasiados artículos dando seguimiento a esas condenas, lo menos que se puede decir de los personajes que en estas instantáneas aparecen como médicos, es que su pericia profesional – según aseguran los artículos- deja qué desear, y que son éticamente incongruentes.  La renuencia de los médicos -y algunas médicas- a abordar el aborto como problema de salud de las mujeres es responsabilidad del sistema de salud que poco y nada hace para promover una discusión amplia, científica y actualizada sobre las causas y consecuencias del aborto inseguro.

* El padre de la «infortunada mujer»: En una ocasión acompaña a solicitar el aborto

El padre es condenado en la crónica policial, sin embargo no podemos dejar de mencionar que ese hombre parece que fue capaz de comprender el sufrimiento de «la infortunada»,  por una vez en la vida.

* El padrastro:. Embaraza a su hija adolescente. Contrata a un enfermero para que realice el aborto. Le propone casamiento a su hijastra.

El padrastro que viola, propone casamiento y hace abortar a la joven es el personaje frecuente que muestra a un individuo abusador, hipócrita y muy torpe, que los medios de comunicación no se ocupan de condenar.

* Otros hombres: Golpean a la mujer embarazada en la comisaría. Son pandilleros y hacen abortar a una joven por una golpiza. Los policías consideran que deben escarmentar a las mujeres. La someten a interrogatorios y presiones y  no toman en cuenta sus ruegos de que necesita atención médica.

Los pandilleros, culpables y víctimas en la sociedad neoliberal, agreden a una mujer joven que vive y padece la misma situación de desamparo social, que hace que la gente pobre se enfrente entre sí, ante la insensibilidad de las miradas oficiales. Los policías actúan como los demás hombres, a pesar de la supuesta capacitación que reciben en la institución policial.

* Los vecinos: Vecinos expresaron su deseo de que la mujer se salve. Otros condenaron el hecho de quitarle el derecho a la vida que el ser tenía. No saben en qué circunstancias pudo haber sido engendrado.

El derecho de las mujeres a decidir sobre su propia vida no parece interesarles a los vecinos ni al periodista. Por otra parte, es sorprendente que los vecinos ignoren cómo se engendran los fetos no deseados.
Opinión pública, opinión especializada y aborto

En este país azotado por las tempestades de la pobreza y la intolerancia, donde hemos sido capaces de mezclar la religión, la salud y los derechos y hasta hicimos una fiesta por ser el país más pobre y endeudado de América Central, alguien tuvo la peregrina idea de reescribir el Código Penal, que lleva más de 130 años de existencia. 3

Hablando del nuevo Código y dado que en cualquier sociedad que se precie de democrática la opinión pública debiera ser la voz de mando para la conciencia de diputados y diputadas, se vuelve una obligación poner atención a la primera Encuesta Nacional sobre Planificación Familiar y el Aborto,4 realizada en 30 municipios, con 1.200 personas —hombres y mujeres entre 15 y más de 50 años— que públicamente comparten sus prácticas sexuales y sus decisiones reproductivas, en un país donde voces más “calificadas” hablan de estos temas entre risitas nerviosas y palabras elusivas, quizás porque no logran discernir entre los vicios privados y las virtudes públicas.

Según los resultados publicados, ”La mayoría de nicaragüenses son cristianos, al nivel del 82,8%, de los cuales un 67,8 % se declaran católicos (33,8% católicos practicantes y 34% no practicantes) y un 15% evangélicos, mientras un 14,8% declara que no tiene ninguna religión”,

El 88,9% de católicos y el 88,9% de evangélicos conoce al menos un método anticonceptivo, -dice la Encuesta-, pero sólo el 17% conoce sobre métodos “naturales”, los únicos aceptados por los líderes católicos para su feligresía. Entre el 98,8% y el 99,9%, no utiliza esos métodos “naturales”. Lo que es más relevante, el 94,4% de católicos/as y el 95% de evangélicos/as considera que es muy importante la planificación familiar.

El 68,7% de católicos/as y el 76,4% de evangélicos/as que vive en áreas urbanas o en áreas rurales está en desacuerdo y muy en desacuerdo con la posición de la jerarquía católica de oponerse al uso de métodos artificiales para evitar un embarazo.

La encuesta reveló lo que está ante los ojos cerrados de las autoridades: Que las prácticas del aborto no se hacen en condiciones adecuadas, que casi la mitad conoce lugares donde se practica el aborto.

Seminario: “Aborto, derechos, subjetividad y poder”

Vida Cotidiana y Aborto
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