En el año 2010, al salir de la escuela una ex alumna que tuve en 4° grado me pidió hablar.

Con 14 años, me cuenta que había sido abusada por un tío. No se animaba a contarlo por miedo a lo que podía ocasionar en su familia y porque su papá no iba a creerle.

Conversamos mucho. Nunca había hablado de sexualidad. Tenía mucho miedo de tener una enfermedad. Le pregunto por qué, me dice que era el segundo mes que no le venía la menstruación.

Empezamos un recorrido del horror. Mi escuela no se hizo cargo por ser exalumna.

Fuimos al hospital, en busca del equipo que venía a la escuela. Nos escucharon y acompañaron con los pasos legales, también a informarle a la familia.

La trabajadora social le preguntó 3 veces si ella no había querido hacer eso con su tío. El ecografista le hizo escuchar los latidos y le decía “mami”. Le dieron turno con psicología para 3 meses después y le dijeron que si no quería tenerlo tenía que ir a otro hospital porque ahí “eso no lo hacían”.

Su mamá estaba desolada, no tenía ni idea qué debía hacer, pero tuvo una hermosa actitud de cuidado.

Después de 3 semanas de trámites y estudios le hicieron el aborto. Nunca la citaron a rectificar la denuncia.

Renata. Maestra de primaria. CABA

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