Entrevista publicada en la revista electrónica «Sin Permiso»
Ida Dominijanni entrevistó para Il Manifesto a la prestigiosa constitucionalista italiana Lorenza Carlasare a propósito del allanamiento policial del Policlínico de Nápoles ordenado por la fiscalía de la misma ciudad la semana pasada.

Están contra el derecho al aborto, pero no sólo; el ataque al policlínico de Nápoles, a pesar de los groseros intentos de justificación a posteriori como una intervención en un caso sospechoso de mala praxis sanitaria, es un episodio gravísimo de suspensión de las garantías constitucionales. Stefano Rodotà lo ha interpretado, en el diario La Repubblica, como un triste síntoma de la situación de peligro por la que atraviesan en Italia los derechos civiles y la libertad. Hablamos de eso con la constitucionalista Lorenza Carlassare.

Desde el punto de vista del estado de Derecho, ¿qué ha pasado en Nápoles?
Un hecho de excepcional gravedad que amenaza un punto fundamental de nuestro ordenamiento. La entera estructura de nuestra democracia, y de todas las democracias occidentales, se basa en el concepto de la persona. Y es precisamente sobre esa base que la Constitución italiana marcó el tránsito de un Estado totalitario a un Estado democrático: estableciendo que la persona y los derechos de la persona van antes que el Estado, invirtiendo así la concepción fascista, que anteponía el Estado a la persona. Y es sobre esa base que la Constitución atrajo el consenso de todas las fuerzas políticas, siendo, así pues, el concepto de persona patrimonio lo mismo de la tradición católica que de la laica. La formulación de Togliatti (“el fin de un régimen democrático es garantizar un desarrollo más amplio de la persona humana”) obtuvo el acuerdo de todos. Sesenta años después, hallamos el mismo principio en la base de la Carta Europea de Derechos, cuyo artículo 1, intitulado “Dignidad humana”, declara: “La dignidad humana es inviolable. Debe ser respetada y tutelada”. Pues bien; es ese principio fundamental lo que ha sido violado en el ataque-sorpresa de Nápoles.

¿Y la privacy? El Garante [equivalente italiano de la figura del Ombudsman o Defensor del pueblo] ha ordenado hoy una indagación sobre los hechos de Nápoles.

Y con razón. Parece que a aquella mujer ¡llegaron a pedirle hasta el nombre del padre del concebido! ¿Con qué derecho? Hay aquí, claramente, negligencia culpable en el conocimiento de los límites de la intervención policial. La tutela de la reserva es un umbral que no debe traspasar ninguna intervención. Lo dicen con meridiana claridad, también eso, nuestra Constitución y la Carta de Derechos Europea. Y la cosa no acaba aquí. Con el ataque de Nápoles se ha violado otro artículo fundamental de la Constitución, el artículo 32, que establece el derecho de todos a la integridad de la propia persona, “física y psíquica”: si yo, al despertarme tras una intervención, me encontrara frente a un policía que me está interrogando, harían falta años para recuperar mi integridad psíquica. Y todavía esto: en el caso de Nápoles, me parece a mí, puede hablarse, verdadera y propiamente, de trato inhumano y degradante. Yo creo necesaria una investigación rigurosa. Es una reflexión seria: corremos el riesgo de  una regresión, a decir poco, inquietante de la civilidad jurídica, y no sólo jurídica: si pensamos que la declaración de Roosevelt mencionaba entre las cuatro libertades fundamentales la libertad para no tener miedo.

La Ley 194 está ya, y la cosa no viene de hoy, sometida a un ataque explícito, con el argumento de que también el feto es una persona…

Nadie se atreve hoy a negar que la Ley 194 es una buena ley, que ha hecho disminuir el número de abortos y ha hecho desaparecer aquellos lugares siniestros en que antes se resolvía clandestinamente el asunto. Cuando yo era chica, había uno de esos lugares en mi ciudad al que pudorosamente llamaban “fábrica de ángeles”. En lo atinente a la personificación del feto, lo que yo digo es que me gustaría mucho que alguno de ellos se ocupase de los nacidos con el mismo celo con que se ocupa de los no natos. Precisamente Nápoles está llena de nichos abandonados en la calle a la delincuencia, pero sobre ésos nadie pide moratorias.

Lorenza Carlassare es profesora de Derecho Constitucional en la Universidad de Padua.
La cruzada antiabortista viola gravemente derechos constitucionales básicos