En el 94, una piba de 3º año se me acercó en un recreo para decirme que estaba embarazada, que no sabía qué hacer. No quería tener un hijo pero tampoco quería hablar con su mamá. Tenía miedo.

Hablamos mucho  sobre sus deseos de seguir estudiando, de querer a su novio pero tampoco para  tanto, también de sus miedos de hacerse un aborto, porque era ilegal y por lo que mostraban en la tele.

 Charlamos sobre lo que sentía, sobre el aborto y los métodos para hacerlo de forma más o menos segura. Le hablé de mi experiencia personal.

A la escuela, venían las referentes del Hospital Tornú a hacer talleres con les pibes. También funcionaban muy bien algunos servicios de adolescencia como los del Tornú y del Argerich.

Le recomendé ambos lugares y seguimos hablando sobre sus dudas y miedos. Finalmente pudo hablar con su mamá y ella la siguió  acompañando para abortar. 

Me sentí bien porque pudo confiar en mí, porque pudo decidir y acompañada, pero por otro, la clandestinidad con la que tuve que abordar el tema me hizo sentir mal, estuve muy sola. 

Alicia. Profe de secundaria. CABA

Hace algunos años…