Juan Marco Vaggione
Argentino, Profesor Adjunto en la Cátedra de Sociología de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, Universidad Nacional de Córdoba. Se doctoró en Derecho y Ciencias Sociales en la mencionada Universidad y, actualmente, está culminando su Ph.D. en Sociología en la New School for Social Research, Nueva York. Acaba de ganar un concurso organizado por CLADEM sobre el Estado Laico.

JUAN MARCO VAGGIONE: Buenas tardes. Venía contento subiendo,  y una compañera me hizo notar que parece ser que soy el único hombre y ahí empecé a temblar. Pero me dije, sí es verdad, soy hombre, pero soy feminista, y desde ahí voy a hablar.

Siento que hay algo, como una paradoja, que me va a ayudar a armar esta breve presentación. Esta paradoja está atravesada justamente por lo que estamos viviendo y por lo que se ha hecho referencia constantemente desde que empezamos hoy a la mañana.

Estados discutiendo el tema de avanzar en la despenalización y legalización del aborto por un lado, y por otro lado sale este caso de La Plata, en que no se pudo siquiera aplicar la causal existente de despenalización del aborto en nuestro país.

Paradoja o no, de alguna manera creo que esto puede ser analizado de distintos lugares.

¿Cómo pensar esto que está pasando? ¿Cómo darle sentido a este juego de contradicciones y de situaciones opuestas?

En mi caso, voy a tratar de pensarlo y comentarlo desde el aspecto que me interesa, que son las relaciones entre la religión y la política. Como una de las dimensiones de las políticas nacionales, extranacionales contemporáneas, y como obvia dimensión cuando se trata de temas de derechos sexuales y reproductivos.

Estar sentados aquí, tanta gente, de tantas provincias, en el seno del Poder Legislativo, ya discutiendo estrategias para la legalización del aborto, me hace sentir que hay un tipo de poder de los sectores religiosos conservadores que no se sostiene más. Llamémosle poder hegemónico, llamémosle poder unitario, poder totalizador. Pero hay un tipo de poder, una forma de manejar el poder de la Iglesia Católica, de su jerarquía, que da la sensación que no se mantiene que no se sostiene que está terminando.

Estamos hablando sobre el aborto. Lo estamos haciendo en un Seminario y en la sede del Poder Legislativo.

No soy historiador. Sin dudas uno podría hacer una historia de cómo ha sido posible esto.

¿Cómo ha sido posible desde la dictadura militar y su nacional catolicismo. Cómo ha sido posible con hitos como el divorcio, el tema de la educación sexual, el tema de reconocimiento en algún nivel de legitimidad, de parejas del mismo sexo, llegar a hoy. A estar hablando sobre cómo hacer para legalizar  y despenalizar el aborto.

Pero creo que, más allá que el poder hegemónico no se sostenga, no hay dudas que el camino no ha sido lineal ni sencillo. El camino de reforzar y seguir reforzando  un Estado laico que permita este tipo de situaciones no sido ni lineal ni sencillo. Ni no seguirá siendo.

Que lo que puede ser un éxito de hoy, como lo hemos visto en múltiples países, puede ser el peor fracaso dentro de tres meses.

A la vez, el caso de La Plata. Caso donde no podemos siquiera hacer existente un derecho existente. Donde no podemos siquiera sustanciar el derecho que existe en el Código Penal desde hace prácticamente cien años.

En esta mirada de lo religioso y lo político, me hace sentir que, aunque el poder hegemónico esté roto y el debate sea posible, este poder de los sectores religiosos conservadores no es menos poderoso.

Hay un poder no hegemónico pero no necesariamente menos poderoso.

Creo que, precisamente en este entender qué está pasando con estos sectores religiosos conservadores, que siguen batallando desde un lugar no hegemónico de poder, es uno de los desafíos y una de las dificultades más graves que vamos a seguir atravesando para temas como la legalización del aborto.

Dije que la religión y la política son sin duda un punto neurálgico en las sociedades contemporáneas. Aquellos que creíamos en la secularización, en la modernidad, en la distinción de esferas, nos tenemos que despertar todas las mañanas sino con guerras, por lo menos con escarpines repartidos a la salida de las sesiones parlamentarias.

Religión y política sigue siendo uno de los desafíos más fuertes de las sociedades contemporáneas. Pero en maneras novedosas. Y este es el tema principal que quiero plantearles.

Los sectores conservadores de la Iglesia Católica, de sus jerarquías y sus sectores aliados, han sabido “politizar” la reacción a una pérdida de control hegemónico.

Siguen ejerciendo poder pero desde otro lugar. Sin dejar de afectar directamente a través del lobby, la presión, a lo que podríamos considerar un Estado laico. Han aprendido a politizarse de manera reactiva, para seguir influyendo en las agendas políticas.

La buena noticia es que ya no dicen sobre qué se puede debatir y sobre qué no. El poder de la iglesia para manejar la agenda pública parece deteriorado, pero el poder de la iglesia para influir en las discusiones de esas nuevas dimensiones que entran a la agenda pública, a veces parece intensificado.

En este nivel, en las formas en que lo religioso y lo político se nos mezclan cotidianamente y se interfieren uno a otro, sin dudas el lugar institucional de la relación Estado-Iglesia es un lugar de particular sensibilidad en las sociedades latinoamericanas. La iglesia sigue siendo un factor de poder, seguirá siendo un factor de poder. Este es un desafío que tenemos que enfrentar. La iglesia continuará siendo un factor de poder.

Creo sí que la parte positiva es que lo hace desde la sociedad civil, lo hace como actor político, lo hace teniendo que argumentar, no evitando por lo menos en parte, el debate. No lo hace obstaculizado el debate, sino teniendo que argumentar.

En esa misma argumentación de la iglesia se entrampa el juego democrático. Juego democrático que implica pluralismo, que implica respeto por las minorías y que implica la no posibilidad de posturas hegemónicas.

Pero a la iglesia se le suman otros factores. A la iglesia se le suma el activismo ciudadano, que también busca dogmáticamente frenar el avance plural en temas de moral y sexualidad.

En el caso de La Plata, el Rector de la Universidad Católica de La Plata ha mandado un telegrama colacionado al Director del Hospital y a algún integrante del Comité de Bioética, diciéndoles que si interrumpían ese embarazo iba a haber consecuencias criminales. No sólo la iglesia como actor institucional, sino también la sociedad civil que nos gusta mirarla con ojos progresistas, pero que también debemos asumir que ha sido una arenga para la articulación de intereses retrógrados.

La religión también es compleja porque mapea nuestras cuestiones culturales y morales. Es inevitable que la religión sea una dimensión de mapeo de nuestros valores.

Entonces, ¿cómo hacer que esta división entre lo que es moral, entre lo que es religioso, entre lo que es ético, cómo seguir sosteniendo  la distinción entre crimen y pecado, entre religión y derechos, es uno de los desafíos más fuertes.

Cómo hacer para atravesar esas fronteras, pero a la vez entender que son porosas?. Entender que, nos guste o no, muchas de las cosmovisiones de las orientaciones valorativas y morales, tienen que ver con cuestiones religiosas.

Saber entender que si es cierto que a un grupo o a un sector, la separación entre ciudadano y persona, la separación entre creencias personales y actitudes públicas, como diputados, legisladores, les sirve, hay un amplio sector al que no.

Hay un amplio sector que sigue influenciado por cosmovisiones religiosas, muchas veces meramente traducidas en procesos de laicización como mencionó María Luisa Femenías hoy en el debate de la mañana, pero siguen siendo cosmovisiones religiosas las que atraviesan la mayor parte de las valoraciones.

Hoy se decía que en el caso de La Plata un juez de la Corte sostenía “saquémosle una foto al feto y que el feto hable”. Evidentemente en esto hay una cosmovisión religiosa que toma la forma estratégica de tecnología: “saquemos fotos, mostremos humanidad”

Es esa cosmovisión religiosa una de las dimensiones fuertes en contra del proceso de avance de la pluralización.

Entonces, cómo, qué hacer cómo plantear esta circunstancia y cómo resolver esta paradoja a la que hice referencia al principio?

Precisamente, y hoy a la mañana también se habló del tema del pluralismo. El tema del pluralismo más allá de la dicotomía religiosa y secular. El tema de que el pluralismo es también pluralismo religioso.

La necesidad que tenemos también de elaborar argumentos que puedan rescatar ese pluralismo moral, ese pluralismo religioso, que no es sólo característica de la coexistencia de distintas denominaciones religiosas, sino de un pluralismo exterior de la propia religión.

Para terminar, déjenme contar una anécdota que me reconcilió con los taxistas porteños.

Odio tomar taxis siempre que vengo a Buenos Aires. Hablo como cordobés y me pasean. No tengo otra alternativa. Hoy tomo taxi, trato de ser lo más porteño posible pero no me salió. En la radio, todo este debate de la chica de La Plata, de todo lo que había pasado. Hablaba un cura, un integrante del Comité de Bioética y también hablaba un diputado que hacía referencia a los valores religiosos. El taxista se da vuelta y me dice: “yo soy católico y voy a misa todos los domingos, ahora, cómo se nota que no están hablando de sus hijas”.

Muchas gracias.

Seminario: “Aborto, derechos, subjetividad y poder”

El Estado y la garantía de los derechos
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