Valeria Isla

Coordinadora del Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable.

Es de público conocimiento la postura desde hace unos años, del Ministro de Salud y del Ministerio, en relación a la garantía de los derechos sexuales y reproductivos, así como el apoyo a las distintas situaciones y discusiones que se han venido dando en este campo.

Además de celebrar la potencialidad y la posibilidad que tenemos como Estado, no sólo en el ejecutivo, sino también en un legislativo con otra conformación, que está impulsando otro tipo de proyectos relacionados con el campo de la salud sexual y reproductiva, me pareció importante compartir con ustedes algunas reflexiones y algunos conceptos que va a guiar la gestión que me toca coordinar en este programa, en un determinado período.

Me parece importante poder tomar desde un enfoque lo que es gestión integral, la gestión como estrategia política, la gestión como una intervención y una posibilidad de trabajar en el campo de las prácticas concretas en sus múltiples dimensiones. En este sentido también poder trabajar desde los procesos de desigualdad en la sociedad, en relación a lo que son las garantías de los derechos.

Aquí hay un campo que en general se excluye de las políticas públicas o de los diseños de intervención, que es el campo de la subjetividad, el campo de lo simbólico, el campo de las representaciones sociales, que estarían jugando a la hora de determinar acciones, ya sea para lo que es la apropiación de los derechos sexuales y reproductivos en este caso, o ya sea para operar o favorecer aquellas estrategias de los sectores más fundamentalistas, que por supuesto a mi entender se apoyan en determinados esquemas de percepción, y en representaciones sociales de un sector mucho más amplio, por supuesto, que los sectores religiosos que obturan las posibilidades de avanzar en este campo.

En este sentido hay dos conceptos que considero fundamentales.

Uno, el de las “múltiples pobrezas” que trabaja mucho María Teresa Silver, entendidas no sólo como carencias o necesidades que no se agotan en el campo de lo material, o sea del acceso al trabajo, a la vivienda, salud y educación, sino también van a incluir aquellas otras no tan obvias como la pobreza de protección, la pobreza de entendimiento, la que se relaciona con aquellos factores que dificultan el acceso a la información, al conocimiento y al pensamiento reflexivo; y también la pobreza política, que está asociada a los factores que inhiben la participación social en organizaciones políticas y sindicales, o que inhiben cualquier otra forma de participación social.

Esta diferenciación entre necesidades subjetivas y objetivas es muy importante para definir acciones concretas.

Podemos decir que en determinados momentos históricos se da como una naturalización y legitimación de los procesos de vulneración de derechos, y esto a mi entender, se vincula muy estrechamente a lo que es la pobreza de entendimiento, a la pobreza política, y por lo tanto entiendo que es una dimensión fundamental para trabajar desde lo que es la gestión pública.

Por otro lado, o complementando este concepto de múltiples pobrezas, y entendiendo múltiples pobrezas como un proceso dinámico, ligado más a un proceso de desigualdad, es decir cómo una sociedad en su conjunto, produce desigualdad. Porque si tomamos a la pobreza como algo estático, como algo naturalizado, la externalizamos a nosotros y la volvemos funcional a los sectores más conservadores de la sociedad.

Por eso, más importante que hablar de procesos de inclusión, me parece mejor hablar de procesos de desigualdad y por supuesto del tema de la posibilidad de garantizar derechos, ejercerlos y la vulneración de éstos por parte del Estado.

¿Cómo explicar la razonabilidad de las prácticas sociales, teniendo en cuenta los hábitos como esquemas de percepción, de apreciación y de acción interiorizados? Sistemas que son los que finalmente disponen la acción y que obligan o tienden a que se piense de una manera y no de otra, qué es posible y qué no es posible.

Esta mirada y este concepto, desde el punto de vista de la gestión, a nosotros nos parece importante, porque nos empieza a marcar cuáles son las condiciones de posibilidad en las cuales podemos trabajar, para generar cambios efectivos que involucren a la mayor parte de la población. Por esto también es importante trabajar en el orden de las representaciones, en el orden de lo simbólico y poder preguntarnos en el diseño de acciones y estrategias concretas, cuáles son estos dispositivos que guían la acción de las personas y que no permiten ni siquiera pensar cambios posibles. Y esto lo podemos trabajar tanto desde lo que implica trabajar con la población en forma directa, lo que es la apropiación y el ejercicio concreto de derechos, y lo que es la demanda calificada, como también es poder abrir el abanico de los distintos sectores, los dinámicos y los obstaculizadores, que desde los distintos lugares, tanto desde el Estado como de la sociedad civil que obstaculizan o posibilitan la garantía de derechos humanos, específicamente de salud sexual y reproductiva.

Esto por el lado de lo que son del orden simbólico, las representaciones, las subjetividades y los procesos sociales como procesos más dinámicos.

Desde el punto de vista del Estado, es cierto que el Estado en sus distintas dimensiones, tiene que generar las condiciones materiales y de posibilidad y para que la población esté organizada y en forma individual, pueda ejercer sus derechos, porque si no también desde el discurso de la garantía de derechos, podemos cometer el error de generar un discurso, y una acción mucho más culpabilizadora e individualizadora de los procesos que muchas veces pasan o podemos ver, en el campo de las mujeres y en el caso específico del aborto, que hay un punto en que uno se pierde en todos los relatos discursivos, y termina sumando culpabilizaciones que se van naturalizando, perdiéndose el eje donde está el problema.

Otro tema es el poder, como elemento central en la gestión y en cualquier definición estratégica. Se reiteró desde distintos lugares, pero poder estar mirando cómo es la distribución de poder en la sociedad y por lo tanto desde la responsabilidad que nos toca, poder generar espacios de participación real, no simbólica, la idea es poder distribuir y compartir la toma de decisiones en los temas que son importantes, y que tienen que ver con la calidad de vida cotidiana de las personas.

En este sentido, y con este marco, es que encaramos la gestión del Programa. Estamos generando algunos espacios concretos de trabajo, que tienen que ver también con poder apoyar las luchas históricas que vienen haciendo los distintos sectores en este campo, poder favorecerlas, poder acompañarlas, y contribuir al sostenimiento de un debate público sobre el tema de las garantías de derechos sexuales y reproductivos en todas las dimensiones de la temática.


Seminario: “Aborto, derechos, subjetividad y poder”

El Estado y la garantía de los derechos. Ciudadanía, democracia y estado laico
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