Rafael Sanseviero

Buenas tardes, es un gusto compartir este espacio, como lo ha sido en otras ocasiones, venir aquí a Buenos Aires a participar en este momento de debate para mí es muy placentero.

Yo soy ex diputado y a diferencia de lo que dice el programa, no presenté el primer proyecto de ley de despenalización del aborto. Presenté un proyecto en 1993 pero, vale la pena que diga que el primer proyecto de ley de despenalización del aborto voluntario en Uruguay fue presentado en plena dictadura, por personeros de la dictadura. Fue generado como una acción del Ministerio del Interior y de la Jefatura de Policía de la dictadura.
El primer artículo de ese proyecto de ley decía: “toda mujer tiene derecho a decidir sobre la interrupción de su embarazo dentro de las primeras doce  semanas de gestación”.

Aquel proyecto de ley en su articulado y en su contenido fue importante, para el asombro de quienes trabajamos a partir de 1992, en los proyectos que presentamos y en el que estuvo a punto de ser aprobado en el año 2004 en Uruguay.

En cada período que se iba presentando un nuevo proyecto, sucedía que se lo iba recurriendo con el discurso de la salud sexual y reproductiva, la educación sexual, o sea todo un encubrimiento programático no sustantivo a un proyecto de ley.

Aquel proyecto del año 1993 tuvo como principal mérito político que fue elaborado a través de un proceso democrático, de negociación con las organizaciones de mujeres y con un conjunto muy importante de instituciones, de la Academia, el cuerpo de profesionales abogados matriculados, el sindicato médico, las Cámaras de Medicina Legal, de Derecho Penal, de Derecho Constitucional, de las distintas Facultades, o sea a través de un proceso de consulta, y que fue presentado por quince legisladores de todos los partidos que en ese momento estaban representados en el Poder Legislativo, con enfoques muy diferentes.
Fue una elaboración negociada directamente con las organizaciones que en ese momento se llamaban la Articulación Feminista y el Movimiento de Mujeres Políticas. Negociada en contenidos y negociada en tiempos y formas.
Fue un proceso desde el sistema político hacia la sociedad civil y hacia la Academia, de gran apertura que permitió colocar el tema aborto por primera vez en un escenario como el Poder Legislativo, desde un lugar completamente diferente del que se venía haciendo antes. Porque desde la apertura democrática en 1985, el Movimiento de Mujeres venía batallando por colocarlo. En particular, cuando se produjo la apertura democrática en el ámbito de concertación política y social, hizo el primer intento pero no pudieron incluirlo. Pero año a año este tema era reinstalado.
Hasta acá, esto ha sido a modo de relato para que vean de dónde parto yo en el trabajo con el aborto y que desde aquel momento hasta ahora, he seguido trabajando en particular en el campo de la investigación y del activismo.
Entre el año 2000 y 2003 hicimos una investigación sobre las prácticas del aborto en Uruguay, que dio origen a un libro que se llama “Condena, tolerancia y negación”, que es la forma en que se produce la práctica social del aborto en mi país.
Antes de venir, yo me preguntaba qué de la experiencia uruguaya podría ser importante en este ámbito y en este momento, habiendo escuchado parte de la discusión de ayer a la tarde y de hoy a la mañana.
Es evidente que yo me acerco al tema aborto con todos los reparos de ser un hombre. Con los mismos reparos con que me acerco a compartir con ustedes la experiencia uruguaya. Porque ¿qué nos puede decir en el momento actual, la experiencia uruguaya, al margen de la enorme frustración que puede significar que los procesos de elitización en la gestión política de la izquierda en el gobierno uruguayo, hayan tenido como uno de sus principales momentos el tomar el tema del aborto como una acción de disciplinamiento de la sociedad civil y de la propia disidencia interna, dentro del partido del gobierno, más allá de la convicción que el Presidente de la República tiene sobre este tema en su condición de médico. Más allá de estas frustraciones y dificultades, cuando parecía que en Uruguay se legalizaba el aborto.
A mí me parece que el tema de las estrategias para el acceso al aborto seguro, gratuito y legal, en Uruguay ha demostrado dos o tres cosas que son a las que me voy a referir.
En primer lugar, Uruguay es un país que realiza una tempranísima migración demográfica. En los años 20 y 30, ya su población reflejaba similitudes sustantivas con las naciones europeas, y esta transición demográfica se realiza en buena medida a través de las prácticas del aborto voluntario.
Esto es así, está estudiado, y siguió siendo por mucho tiempo y por muchas décadas, la práctica del aborto voluntario, la manera en que la sociedad uruguaya regula su fertilidad.
La tasa de aborto en Uruguay en el año 2005 debe haber andado en el entorno del 40%, porque en el año 2001, 2002, era el 38,5% con 33.000 abortos sobre 52.000 nacimientos. En el año pasado hubo 47.000 nacimientos y nada indica que haya habido menos abortos.
O sea (y esta es una opinión muy personal) que Uruguay es un país que descomprime sus conflictos sociales a través del aborto y la migración. Prácticamente un tercio de la población del país fuera de sus fronteras, y una recurrencia a la interrupción del embarazo sistemático en nuestro país.
Entonces, siendo así las cosas, ¿qué significa en Uruguay plantearse aborto legal, seguro y gratuito?
Bueno, significa de alguna manera intentar contener en un dispositivo de políticas públicas lo que es una práctica social, o sea dar respuestas a la necesidad de aborto porque es una necesidad que no se puede satisfacer con procedimientos legales.
Esto no quiere decir que necesaria y obligatoriamente los abortos no sean seguros, y menos quiero decir que no sean a través del personal de salud que se realizan. Nosotros estimamos que el 80% de las interrupciones de los embarazos que se producen en Uruguay, se producen con la intervención del personal de salud de distinto nivel y distintas características.
Esta batalla que se ha dado por la legalización del aborto y que también en Uruguay se resumió en la misma consigna: “educación para decidir, anticoncepción para no abortar, aborto legal para no morir”, desde mi punto de vista refleja uno de los aspectos sobre el cual hay que prestar más atención cuando se piensan las estrategias. Es en el distinto dispositivo de poder que tienen las agencias que participan en una coalición.
Es decir, uno de los rasgos que tuvo el proceso hace unos años en Uruguay, fue una fuerte presencia en el escenario público del sector médico. El profesional de la salud acompañando desde su lugar el proceso de lucha por la legalización del aborto.
A partir de 2001 se produjo una fuerte presencia del sindicato médico y en particular de un grupo de profesionales que elaboraron una normativa de atención pre y pos aborto.
En un espacio de salud pública se recibe la mujer que demanda la interrupción del embarazo y se le practican los exámenes de rigor, se constata el embarazo, condición general gestacional, y se le recomienda todo lo que no tiene que hacer para tener un aborto de riesgo; y además se le pide que si lo hace, vuelva que será atendida como corresponde.
Incluso se le explica que el Misoprostol es una de las formas más inocuas de hacerlo, pero se le aclara que no se lo recomiendan ni se lo recetan.
O sea que es una especie de nicho de responsabilidad asumida por un grupo de profesionales de la salud en el espacio de legislación restrictiva que hay en Uruguay.
Hay un proyecto cuyo titular es la Sociedad Tocoginecológica, además de un grupo de profesionales, un grupo de organizaciones no gubernamentales, algunas de ellas feministas, la Facultad de Medicina, el Ministerio de Salud Pública y la intendencia de Montevideo, que en este momento yo estoy coordinando, para llevar este sistema a todo el país.
No es para nada fácil. Hay enormes resistencias, pero lo más importante que yo quiero decirles es que en el seno de esta coalición tan interesante, uno de los núcleos fundamentales de disputa es si, éste grupo de médicos y los médicos en general, que asuman este modelo de atención, además van a emprender una cruzada pública contra el mercado negro del Misoprostol o nó.
¿Por qué digo esto?
Las condiciones de acceso a un aborto seguro y legal, y seguramente el aborto con Misoprostol es mucho más seguro que la mayor cantidad de las soluciones que tienen muchas de las mujeres uruguayas, por lo que en ese sentido constituye un avance, es un espacio de disputa por el poder y por el control.
Estos médicos tan encomiables en su sentido ético o en la eticidad que demuestran frente a la mujer que pasa por la situación de aborto, sin embargo disputan y debaten y defienden desde su lugar el derecho de ser los únicos que manejen el Misoprostol. ¿a qué voy con esto?
Voy a que me parece que, evidentemente las múltiples batallas por el acceso a un aborto seguro, legal y gratuito, y que represente un avance en la autonomía de las mujeres, necesita de muchas alianzas con hombres.
Creo que aún los más convencidos de la justicia de estos reclamos, quienes más compromiso tenemos desde hace mucho tiempo, tenemos que admitir y nuestras compañeras, ustedes, tienen que admitir, que estamos en lugares de poder diferentes que no se pueden resolver.
Hay una situación de poder radicalmente diferente entre un hombre que se aproxima a la problemática del aborto y una mujer que experimenta o potencialmente puede experimentar esta situación.
En Uruguay hay un sujeto social ausente, que es la mujer que dice “yo aborté”. Ese sujeto social no existe, no está formado, no se expresa. Aún todos los que hablamos del tema, todos los que nos pronunciamos, todos los que compartimos batallas, lo hacemos desde una tercera persona: “el aborto”.
La falta de ese sujeto social es quizá, en el caso uruguayo, uno de los problemas más significativos.
¿Por qué? Porque en última instancia la dificultad para reivindicar o reivindicarse como abortadora o potencial abortadora, es lo que de alguna manera hace que los distintos momentos de este pliegue de estrategias lleve a que los movimientos puedan ser colonizados por perspectivas que les quitan independencia y que les quite continuidad.
En Uruguay han pasado muchas cosas. A pesar de que por la vía legal no es fácil pensar que vayamos a tener solución, se siguen ensayando caminos tendientes a esto: a la construcción de caminos de acceso para las mujeres a abortos legales y seguros.
Ahora, el despliegue de una estrategia permanente sobre este tema, implica necesariamente la presencia de un sujeto social que lo reivindique en los términos más naturales. Sin eso, cualquier táctica, cualquier alianza, cualquier acuerdo, termina desvirtuando el problema central.
El aborto voluntario termina siendo una sustracción radical, en relación de la dominación de nuestra sociedad. En ese sentido hay una contradicción entre nosotros los hombres, los médicos, los jueces y la política.
Y esto no es para endurecer el discurso, es para no perder de vista cuando hablamos de esto, que todas las acciones que asumamos cualquier otro sector social, nunca van a dar cuenta y siempre van a intentar eludir este aspecto central, de naturaleza profundamente subversiva de la mujer que decide abortar.
Gracias.

Seminario: «Aborto, derechos, subjetividad y poder»

«Diferentes Estrategias para el acceso al aborto seguro, legal y gratuito»
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